La Dra. Isabel Belinchón, vicepresidenta primera de la AEDV y vicepresidenta del Área de Organización Formación, Investigación e Innovación, analiza el papel clave de la sociedad científica en la formación de los residentes de Dermatología. A través de iniciativas como el Campus de Residentes y los itinerarios formativos, destaca cómo se busca complementar la enseñanza tradicional con un enfoque más actualizado y adaptado a las necesidades reales del futuro especialista, poniendo el foco tanto en las competencias clínicas como en el desarrollo de una visión crítica, investigadora y multidisciplinar de la especialidad.
- ¿En qué consiste la iniciativa del Campus de Residentes impulsada por la AEDV y qué objetivos persigue?
El Campus de Residentes es una iniciativa impulsada por la AEDV para acompañar al residente de Dermatología junto a su tutor a lo largo de su proceso formativo, más allá de la formación que recibe en su hospital. El Campus ofrece un entorno estructurado, actualizado y muy orientado a las necesidades reales de aprendizaje, ordenadas en itinerarios adaptados al progreso del residente desde R1 hasta R4. Constituye una formación complementaria, coherente y de calidad para que el residente pueda adquirir y consolidar conocimientos en las competencias fundamentales en la especialidad. El objetivo es doble: por un lado, reforzar la formación científica y clínica del residente, y por otro, ayudarle a crecer como futuro especialista dentro de una dermatología cada vez más compleja y transversal.
- ¿Qué papel tiene la AEDV en complementar la formación oficial de los residentes? ¿Y qué diferencia a los itinerarios formativos de la AEDV de la formación tradicional del residente?
La formación del residente recae fundamentalmente en las unidades docentes y en los servicios acreditados. Pero una sociedad científica como la AEDV puede aportar un valor añadido muy importante: visión global de la especialidad, acceso a expertos de primer nivel, actualización continua y una oferta formativa diseñada desde el conocimiento profundo de las necesidades reales del dermatólogo en formación.
Y ahí aparecen los itinerarios formativos de la AEDV, si bien no pretenden sustituir la formación tradicional, sino enriquecerla. Lo que los diferencia es precisamente su carácter transversal, su planificación orientada a las competencias que el residente debe ir adquiriendo de forma progresiva, facilitando que se integren áreas que no siempre se abordan de forma homogénea en todos los centros. Además, permiten al residente acceder a contenidos consensuados, experiencias compartidas y una formación más conectada con la realidad actual de la Dermatología.
- ¿Qué novedades o aspectos destacaría sobre los itinerarios formativos para residentes en la AEDV en el último año?
En el último año de residencia hemos incorporado actividades muy orientadas a las necesidades del R4, como los cursos de ecografía cutánea, linfomas, el de iniciación a la estética o el encuentro YO R4, que permiten reforzar conocimientos ya en la fase final de la formación y acercarse a áreas muy útiles para la práctica profesional. La idea es acompañar al residente en una etapa en la que necesita afianzar lo aprendido, ganar seguridad y prepararse para el ejercicio autónomo de la especialidad.
- ¿Qué tipo de competencias clave se refuerzan con estos programas?
Se refuerzan, por supuesto, competencias clínicas esenciales para el ejercicio de la Dermatología: conocimiento clínico, capacidad diagnóstica, toma de decisiones, actualización terapéutica, manejo de casos complejos y mejor comprensión de las distintas áreas de la especialidad. Pero también son importantes otro tipo de competencias, que también ayudan a desarrollar como la capacidad de integrar conocimiento, trabajar con una visión más amplia y más crítica, comunicarse mejor, participar en proyectos científicos y entender que hoy ser un buen dermatólogo no significa solo saber mucho, sino también saber aplicar ese conocimiento con criterio. En ese sentido, la AEDV ofrece un marco muy rico para estimular no solo el aprendizaje, sino también la curiosidad, la vocación académica y la implicación con la especialidad, siempre con el apoyo de la Unidad de Investigación de la AEDV.
- ¿Cómo ayuda el formato mixto (online y presencial) al aprendizaje del residente?
El formato mixto ha demostrado ser especialmente útil porque combina lo mejor de ambos modelos. La formación online facilita el acceso, la flexibilidad y la posibilidad de adaptarse a unos residentes que tienen trabajo asistencial y no siempre pueden desplazarse o anular consultas con facilidad. Pero al mismo tiempo, la formación presencial sigue siendo insustituible en muchos aspectos: favorece la interacción directa, la discusión de casos, el intercambio con profesores y compañeros, y genera además un sentimiento de pertenencia a la especialidad que también es muy valioso. Por tanto, no es una cuestión de elegir entre una modalidad u otra, sino de integrarlas bien.
- De cara al futuro, ¿cómo cree que iniciativas como el Campus de Residentes y los itinerarios formativos impactarán en la calidad asistencial y en el perfil del dermatólogo en España?
Creo que van a tener y tienen un impacto muy positivo. Todo lo que contribuya a mejorar la formación del residente acaba repercutiendo, antes o después, en la calidad asistencial. Un dermatólogo mejor formado, más actualizado y más seguro en su práctica clínica ofrece también una mejor atención al paciente. Además, estas iniciativas ayudan a perfilar un especialista más completo: con buena base clínica, pero también con capacidad de adaptación, visión crítica, interés por la investigación, sensibilidad hacia la innovación y compromiso con la mejora continua.
La Dermatología ha evolucionado muchísimo en los últimos años, y va a seguir haciéndolo. Por eso necesitamos formar especialistas no solo competentes para el presente, sino preparados para liderar el futuro de la especialidad. Y ahí la AEDV tiene, sin duda, una responsabilidad y una oportunidad muy importantes.


